Intervenir en el Síndrome de Fortunata

“Aquella mujer le había quitado lo suyo, lo que, a su parecer, le pertenecía de derecho. Pero a este sentimiento mezclábase con extraña amalgama otro muy distinto y más acentuado. Era un deseo ardentísimo de parecerse a Jacinta, de ser como ella…” 

“Fortunata y Jacinta” de Benito Pérez Galdós.


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El “Síndrome de Fortunata” curiosamente fue ya descrito por Benito Perez Galdós en su novela “Fortunata y Jacinta”.

¡Quién diría que algo tan común se ha convertido en un síndrome! ¿Por qué?  Porque esta situación resulta invalidante debido a la dependencia emocional que se crea. Pero hay que mencionar que este síndrome es sólo descriptivo, NO es diagnóstico.

  • Veamos de qué se trata…

Este síndrome se presenta en mujeres que establecen una relación con hombres ya casados. No hay que confundirlo con “amantes” o “queridas”, quizá se estableció una relación con ese hombre tiempo atrás, pero esta ha finalizado. Además, suele haber una relación de ambivalente por parte del hombre con la mujer legítima.

Seguramente habréis oído frases como: “si él me lo pide lo dejo todo y me voy con él”, “siempre le querré aunque pase el tiempo”, “él es mío”… Es común oír estas frases, pero es común cuando se termina una relación y queda todavía algún resto de lo que hubo, sin embargo, cuando pasan los años y cada uno rehace su vida, mantener esos pensamientos y sentimientos no es sano, tal y como sucede en este síndrome.

Alguna vez nos habremos sentido así, habremos sentido que dejaríamos todo por esa persona…

¡No te alarmes!… Vamos a seguir para que lo entiendas un poco mejor.

Este síndrome incluye no sólo pensamientos o sentimientos, sino también acciones. Existe una descripción de sus componentes entre los cuales se encuentran:

  1. Sentimiento de amor repetido, persistente e intenso hacia un hombre casado con otra mujer.
  2. Ambivalencia de sentimientos hacia la mujer legítima socialmente, a veces odio y rencor, a veces comprensión y empatía.
  3. Fantasías optimistas de un futuro junto al hombre
  4. Creencia de que ella, en el fondo. es quien tiene más derecho a estar con él.
  5. Si se ha iniciado una nueva relación, no se valora y se dejaría si el otro hombre se lo pidiera…

“Tu marido es mío,

me lo has robado como se puede robar un pañuelo…”

Fortunata y Jacinta


¿Por qué se inicia?

1. Educación: Haber crecido en un ambiente donde la figura de la mujer es vista como dependiente de un hombre, en el que éste toma las decisiones de la vida familiar, propicia su dependencia.

2. Auto-sacrificio: Volvemos al ámbito familiar, crecer en una familia donde se valore el sacrificio personal y la postergación de las propias necesidades en favor de las de los hombres es otro factor más. Si el hombre casado hace ver que necesita a la mujer y su compañía es insustituible favorece el mantenimiento de esta relación.

3. Lástima y culpa: Cuando se lleva tiempo en este tipo de relaciones se tiende a creer que si se deja al hombre sufrirá y se culpa por el malestar que le causará. Además, si el hombre le dice que no puede vivir sin ella, esa culpa se acentuará.

4. La vida sólo vale la pena si hay amor y una sola no es nada. Esta creencia puede ser otra de las causas que empujen a consentir este tipo de relación.

5. Sensación de noviazgo: Mantener una relación con un hombre casado hará ver esta relación extramatrimonial como un noviazgo y es beneficioso para el hombre, está libre de las responsabilidades familiares que tiene en su familia de origen y se siente más a gusto y es un sentimiento sincero el que expresa cuando dice que esa es la relación que le gustaría tener. Esto hará que la mujer idealice la relación que mantiene, ya que no ve cómo es el día a día con él.

6. Baja autoestima que se deriva al aceptar ser la otra.

La Psicología, a fecha de hoy, explica el mantenimiento de estas situaciones por mecanismos de refuerzo o conflictos infantiles no resueltos. También hay explicaciones de tipo social y que traen ventajas a la mujer, como explica Richardson al decir que este tipo de relaciones permite una mayor libertad sexual a la mujer y control sobre su sexualidad.

¿Cómo podemos ayudar a las mujeres con este síndrome?

Objetivo: eliminar la dependencia emocional.

Habremos de ser cautelosos, no podemos afirmar que ese hombre no dejará a la mujer si no lo sabemos a ciencia cierta, ni tampoco decirla que tiene que cortar esa relación ya, esto puede crear reticencias.

a) Ayudar a tomar conciencia de la situación y el malestar asociado a su mantenimiento. Cuidado con culpabilizar a la persona, está en una situación con muchos sesgos sociales y no hay que hacerla sentir peor.

b) Dar estrategias a la mujer para enfrentarse a esa ruptura de la relación de dependencia, tales como una gestión del tiempo que va a tener ahora para sí misma, exponerse a situaciones que creía no ser capaz de hacer sin la otra persona, tener relación con otras personas, sobretodo hombres, etc…

c) Hacer claro la necesaria implicación completa por parte de ella, la ausencia total de contacto con ese hombre para poder avanzar en la terapia y la duración larga de la terapia. La apoyaremos en los momentos de malestar una vez se rompa la relación y advertiremos y prevendremos de los intentos de un volver a la relación de dependencia. Para esto es necesario tener una buena alianza terapéutica.

Fuente: Barraca Mairal, Jorge (2015), Universidad Camilo José Cela, “Una forma de dependencia emocional: El “síndrome de Fortunata”

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