Ataque de Pánico: ¡Tengo que controlarlo!

 “Mi ansiedad no se origina en una visión de mi futuro, sino en el deseo de sujetarlo a mi voluntad.” – Hugh Prather.

        En esta frase viene ilustrada una de las paradojas de los ataques de pánico, el control. Todos hemos oído que lo que tenemos que hacer cuando nos da  ansiedad es luchar contra ella, debemos controlarla si no queremos perder el control, nuestro propio control. Pero, quizá a veces nos encontramos con que estos intentos de controlar nuestra respiración cada vez más acelerada, nuestras pulsaciones cada vez más disparadas y nuestras manos sudadas, acaben por generarnos más ansiedad.

  • ¿Ésto a qué se debe?

La explicación es muy sencilla. La persona está dirigiendo constantemente su atención a los ritmos fisiológicos del cuerpo que nos confirman que estamos teniendo un ataque de ansiedad: latido del corazón, respiración, sentido del equilibrio…, pero, todas estas funciones del organismo son espontáneas, es decir, no están sujetas a nuestro control consciente, suceden sin que estemos pensando en ellas. En el momento en que les damos atención alteramos su expresión natural y empezamos a darnos cuenta de que nuestro latido cardiaco se acelera, nuestra respiración es entrecortada y tenemos las manos sudadas… acabando así con un susto que parece ¡de muerte!

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  • ¿Y qué sucede cuando sentimos este miedo?

Sucede que nuestros parámetros fisiológicos se alteran cada vez más entrando así en un círculo vicioso y llegando al ataque de pánico.

 

  • ¡Haz un pequeño ejercicio!:

Prueba a subir las escaleras de tu casa, o del metro, intentando mantener el equilibrio, céntrate en no echarte demasiado hacia delante o hacia atrás, coloca bien los pies, uno tras otro, ¿qué has sentido?. Seguro que has sentido un ligero miedo a caerte, algo de vértigo.

¿Y si intentas controlar el ritmo normal de tu respiración?, ¿o escuchar el latido de tu corazón para regularizarlo?

Giorgio Nardone, en su libro “No hay noche que no vea el día: la terapia breve para los ataques de pánico”, propone algo muy sencillo para dejar que las funciones fisiológicas de nuestro cuerpo sigan con su ritmo normal: aumentar el miedo.

Casi parece que asusta más el remedio que la enfermedad, algo ilógico. Pero si nos paramos a pensarlo, los intentos de control nos provocan más ansiedad, entonces, si ayudamos al cuerpo conseguiremos volver a nuestro estado normal. Es lo que el Libro chino de las estratagemas explica a través de la metáfora “apagar el fuego añadiéndole leña”.

“Recuerdo ir por la calle, acababa de salir de mi casa y no me encontraba bien. No entendía qué me pasaba, iba escuchando mi cuerpo, recorriendo cada parte de él para encontrar una sensación que pudiera reconocer y me dijera qué me estaba pasando, me sentía tan desorientada  y extraña… ¡¡¡PUM!!!  ¡Casi me atropella un chico en su bicicleta! No sé qué pasó , pero tras el susto ya me encontraba mejor…”

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